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Vuelve la leyenda

07/05/2017
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A lo largo de la historia de la automoción, han existido vehículos que se han convertido en un hito, que han marcado un antes y un después.

La marca Indian representa mucho más de lo que muchos podemos imaginar. Aunque desparecida durante un tiempo, el resurgir de la marca de la cabeza de jefe indio, aporta al motociclismo una buena nueva que bien hacia falta. La visión americana de las motos está muy claro que es distinta a la europea y japonesa, ni mejor ni peor, diferente.

La Indian Motorcycle Manufacturing Company nació a partir de la Hendee Manufacturing Company de la mano de George M. Hendee y C. Oscar Hedström en Springfield (Massachusetts). Era el año 1901, ha llovido un poco desde entonces, todo ocurrió dos años antes del nacimiento de su gran rival, la Harley Davidson Motor Company.

El éxito de Indian en carreras como el Tourist Trophy de la Isla de Man en 1911 ayudó en gran medida a las ventas de la marca en aquella década, convirtiéndose en el mayor fabricante de motos de la época.

La Indian Motorcycle Manufacturing Company se declaró en quiebra en el año 1953. Tras varios intentos de recuperación de la marca, no sería hasta el año 2011, en el que Polaris Industries se convirtió en propietaria de la marca del jefe indio, cuando se empezó a ver la luz al final del túnel.
La apuesta por Indian de Polaris Industries ha sido muy grande. Empezaron por las más grandes, las derivadas de la legendaria Chief, con un potente y enorme motor bicilíndrico en V, cómo no. De allí salieron una serie de modelos que conforman una completa y prometedora familia de motos genuinamente americanas. Pero en la nueva era Indian faltaba una pieza más asequible y cercana en todos los sentidos. ¡Eureka!, la idea. Una moto con ADN de los 20 reencarnada en el 2015 enseguida surgió y la inspiradora fue la que en ocasiones se ha denominado la primera superbike de verdad: la Indian Scout. Seguramente muchos ya habréis visto el hermoso film de Burt Munro ‘Un sueño una leyenda’, y los que no lo habéis hecho deberíais hacerlo, no os arrepentiréis. Pues resulta que la historia —real por cierto—, se basa en una peculiar protagonista, una Indian Scout de 1920. No contaré el argumento de la película, mejor la veis…

La primera “erre” de la historia

Los años 20 fueron años de crecimiento y expansión para la marca de Springfield. Entonces el modelo estrella era la Indian Powerplus, motocicleta que acumuló una merecida fama por su gran rendimiento y durabilidad. Esta fue la motocicleta que en su evolución se convertiría en la famosa Scout. Diseñada por Charles B. Franklin la primera Scout vería la luz en 1920, propulsada por un motor V-twin a 42º de 600 c.c. La Scout de 1920 era una moto con un altura al suelo moderada, generosa distancia entre ejes, innovador chasis semi-monocasco y cambio de tres velocidades. La Indian Scout fue un éxito inmediato tanto en la calle como en los caminos de tierra o en los circuitos. No era la moto más potente del mercado, pero ganó muchos adeptos gracias a su respuesta y facilidad de manejo.

Más tarde en 1928, vió la luz la Scout 101 de 750 c.c., una moto con importantes mejoras respecto al modelo anterior que como resultado fue considerada la mejor moto Indian jamás construida.

En 1933 Indian fabricó 1.657 motos. El enfrentamiento de las dos grandes marcas americanas, Indian y Harley Davidson, fue tal, que llegó a convertirse en una mancha oscura en la historia de la moto americana. Las peleas entre seguidores de ambas marcas eran demasiado habituales.
La Scout fue sin duda el arma letal con la que Indian atacó el mercado mundial.

Mágica y seductora

Pocas veces ocurre que una moto custom despierte el interés de un montón de bikers no dados a mirar estas motos. El caso de la Indian Scout moderna es digno de estudio. La marca americana repite uno de los episodios más gloriosos de su historia, al incorporar a las cadenas de montaje un nuevo modelo que posiblemente marque un antes y un después en la historia de las motos custom.

Partiendo totalmente de cero, a excepción de su nombre y concepto, la nueva Scout desembarca en el mercado con todo su potencial a la vista.
La principal baza con la que juegan es sin duda su avanzado y atractivo diseño, pero que deja entrever claramente su origen como modelo emblema de la marca.

En Indian han sabido relacionar formalmente el depósito de gasolina con el de su ancestral modelo de 1920. Es aquí donde se distingue claramente su origen. Un trabajo nada fácil y que muy pocas marcas han conseguido. Los envolventes guardabarros amplían esta relación formal con la Scout 101.

Pero aparte del diseño propiamente dicho, la Scout representa el auténtico custom moderno y avanzado, al utilizar un motor V-twin de 1.130 c.c., refrigerado por líquido. Aquí también se ha hecho un excelente trabajo de diseño al confeccionar el propulsor, digno de estar sobre la peana del más importante de los museos de arte moderno. Con ello quiero decir que es un motor de refrigeración líquida pensado para ser visto, para que una vez montado resulte realmente atractivo a la vista sin aportar el clásico aleteado de los grandes bicilíndricos de aire.

La otra gran innovación nos la encontramos en el chasis modular de aluminio. El motor actúa de forma autoportante y en la parte delantera, cuelgan dos brazos de fundición de aluminio que abrazan por los lados el radiador de refrigeración. Es realmente relevante e innovador. Un chasis que está formado por varias piezas, de las cuales vale la pena destacar y fijarse en los triángulos laterales que unen el chasis con la parte trasera y que se encuentra justo debajo del asiento. El diseño es simplemente una obra de arte.

La Scout es bella la mires por donde la mires, puedes dar las vueltas que quieras a su alrededor que es prácticamente imposible encontrar un solo rincón o detalle criticable, os lo puedo asegurar.

Una de las premisas que intuyo tenían sus creadores es la baja altura del asiento. Los 643 mm permiten una comodidad excepcional, equilibrio y maniobrabilidad perfecta para una custom de su categoría y prestaciones.

El equipamiento es simple, el necesario para una motocicleta de estas características. Como suele ocurrir en el mundo custom, ya llegará el momento de customizar.

Referente a la ergonomía, la combinación de manillar, asiento y estriberas es la ideal para una custom; todo en su sitio y accesible casi para todos. Posiblemente las personas de menor altura no llegaran tan fácilmente a los estribos, pero siempre hay una solución para estas cosas. La Scout es capaz de comerse con patatas a todas sus rivales.
El equipamiento dinámico se basa en una horquilla convencional de ajustado recorrido (120 mm), y de consistencia bastante blanda. Los frenos se basan en dos discos rígidos de 298 mm, uno delante y otro detrás, con pinzas de dos y un pistón respectivamente, con ABS. En un principio parece que falte un disco más delante, pero en cuanto te haces a ella no se hecha en falta para nada, a no ser que seas un ‘quemado’ de los de verdad, el motor te lo permite.

Los mandos del manillar se encuentran todos en el sitio perfecto, sin objeciones. Conmutadores y levas de freno, así como embrague, mantienen su ergonomía correspondiente. La información que nos llega de lo que sucede en el motor y en el asfalto es justa pero precisa. Un solo reloj analógico nos dice a la velocidad que vamos. Mientras, dentro de dicha esfera —su diseño es simplemente exquisito y nos traslada a tiempos mejores, creo…—, una pantalla digital nos cuenta el resto de la historia. Cuentarevoluciones numérico, cuentakilómetros total y parcial, temperatura motor y avisador de reserva. El faro es de los de antes, justamente muy parecido al que montaba la legendaria Scout 101.

Pero sin lugar a dudas, para mi gusto y creo que también para el de la mayoría, el depósito de combustible es la pieza estrella de esta moto. Sí, ya se que se trata de un conjunto de detalles, pero es que cada vez que observo este tanque me gusta más. Sus formas están realmente inspiradas en el de la Scout de los años 20, pero con rediseño que roza la genialidad absoluta.

Igualmente los guardabarros siguen los pasos del depósito. Envolventes como sus ancestros, confieren a esta Indian un aire retro insuperable. Y todo en chapa, nada de plástico…

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