Titulares
Leyendas des Rock 2017 (Julio 17, 2017 11:03 am)
Los Rebeldes (Junio 11, 2017 5:17 pm)
Vuelve la leyenda (Mayo 7, 2017 10:06 am)
Richard Avedon (Abril 8, 2017 12:12 pm)
Nobel Dylan The times they are changing (Noviembre 11, 2016 5:37 pm)
Therapy (Noviembre 11, 2016 5:34 pm)
48 horas y una Luna Llena (Noviembre 11, 2016 5:28 pm)

Pedro Zaragoza, el hombre que miró de otra manera al mar

07/06/2016
Comments off
750 Views

Por Nicolás Van Looy

Pedro Zaragoza Orts, Don Pedro aún hoy para todos sus vecinos –le conocieran o no– nació en Benidorm el 15 de mayo de 1922 y falleció en un sitio muy distinto, también llamado Benidorm, el 1 de abril de 2008. Alcalde del que hoy en día es el buque insignia del turismo de masas en España entre 1950 y 1967, fue un hombre de contrastes. De convicciones más que férreas. Trabajador. Visionario. Reivindicativo. Y franquista. Sobre todo y ante todo, franquista. Así era el hombre que mucho antes de que las Cortes franquistas se desmontaran a sí mismas para dar paso a la democracia, fue el primero en enfrentarse al franquismo desde el franquismo. Una historia, sin duda alguna, singular para un hombre que, independientemente de lo que cada uno piense sobre el gigante turístico que puso en marcha en su pueblo, ha pasado a la historia de España como el alcalde que se enfrentó a Franco y a la Iglesia legalizando el bikini, pero que es más. Mucho más. Pedro Zaragoza Orts, Don Pedro, fue, es y será el gran hacedor del turismo español.

Cuando en el año 2005 el Gobierno de España dio orden de retirar la estatua de Francisco Franco que seguía presidiendo la sede de Nuevos Ministerios en Madrid Pedro Zaragoza pidió formalmente al Ejecutivo que le vendiese aquella mole, más de uno podría haber pensado que aquella era una carta de un viejo chocho medio demente. Nada más lejos de la realidad. La primera vez que le entrevisté, recuerdo haberle preguntado si le gustaría ser recordado como el gran responsable del milagro turístico español y que, con la mirada fija y la mente completamente lúcida pese a su edad, me respondió: “cuando me muera, quiero ser recordado como un buen alcalde, un falangista y un franquista”.

Pero quedarse con eso, con ese titular, sería hacerle un flaquísimo favor a Don Pedro. Sería un error tan grande como interpretar el intento de compra de Franco y su caballo como un desvarío senil en lugar de como un acto de honor hacia sí mismo y hacia el hombre y la ideología por la que dio sus mejores años. Sería tan erróneo como quedarnos con ese viaje que, a bordo de una Vespa, completó un día de 1953, presentándose en El Pardo con los pantalones sucios de polvo del camino y grasa de su moto y una orden de excomunión bajo el brazo. El propósito, muy sencillo: sentarse delante del Caudillo –y Carmen Polo– y soltarle “mi pueblo se muere de hambre y el turismo es nuestra tabla de salvación. Para que esto funcione, es imperativo legalizar el bikini”. El resto, claro, es historia.

Pero Pedro Zaragoza Orts, Don Pedro, es mucho más que eso. Es un falangista y un franquista cuya primera medida cuando accedió a la alcaldía de Benidorm en 1950 con sólo 27 años –una edad muy temprana incluso para los cánones actuales– no fue otra que “avalar a todo aquel que no tuviera delitos de sangre para que pudiera regresar al pueblo. Era necesario recomponer desde abajo la armonía que iterrumpió la guerra”. Y, así, sin pestañear ni darle mayor importancia a un hecho tan trascendente a la hora de comprender a este hombre y cómo supo ver, mucho antes que cualquier otro españolito del momento, las bondades del turismo, comenzó una entrevista que, desde el año 2000, guardo como un tesoro y que supone, ocho años después de su muerte, la base de este artículo que escribo para un revista digital como APTITUDE preguntándome –y les puedo asegurar que no se trata de una cuestión retórica– si allá donde esté ahora se estará riendo y diciéndole a alguno de sus obtusos coetáneos: “¿lo ves? Ya te dije yo que algún día las revistas no se imprimirían en papel”.

Sólo un año después de aquella llegada con la mano tendida a la alcaldía de un Benidorm que, por entonces, no era más que un pequeño pueblo de pescadores que proveía a medio Mediterráneo con los más renombrados almadraberos (su saber hacer se lo disputaban las a lmadrabas desde Barbate hasta Italia), Pedro Zaragoza Orts, Don Pedro, comprendió que aquello no iba a durar para siempre y que, para asegurar el futuro de su pueblo y de sus vecinos, había que mirar al mar de otra manera. Cuando todos sus vecinos –y la mayoría de responsables políticos de su país– miraban con recelo a los primeros turistas, Pedro Zaragoza Orts, Don Pedro, lo entendió a la primera: el turismo era la mejor y única opción para el litoral español y el primer paso para permitir que aquellos rubísimos y altísimos visitantes vinieran para quedarse era permitir el desarrollo de una industria de servicios acorde a sus expectativas y, en el caso concreto de su pueblo, aquello pasaba por la aprobación de un nuevo PGOU que, aunque horrorice a muchos hoy en día, sigue siendo el mejor ejemplo de urbanismo turístico sostenible: calles anchas y rectas –siguiendo el modelo del Plan Cerdá de Barcelona– primando la construcción en altura lo que permite una mayor densidad de población en un mínimo espacio de terreno y, por supuesto, un menor consumo de recursos como, por ejemplo, el agua, que Pedro Zaragoza Orts, Don Pedro, ya previó que sería el gran talón de Aquiles del Benidorm que él soñó.

Aprobado el PGOU de 1951, la siguiente parada fue la más famosa. La del bikini. Es su pasaje más conocido y famoso. “Pedí audiencia y me presenté en El Pardo muy nervioso. Le expuse el caso. Le dije que el bikini estaría mal visto, pero que quien los vendía era Loewe. Y le puse un ejemplo fácil de entender. Le dije: ‘Mi general, si queremos desviar el curso del Ebro no podemos poner un muro en Tortosa, sino que habrá que ir al origen. Donde nace el Ebro’”.

Y todo eso, con esa orden de excomunión ya firmada y con la más que firme oposición de Carmen Polo, adalid de la moralidad y el recato que promulgaban los valores del Régimen. Oír a Pedro Zaragoza Orts, Don Pedro, te dejaba siempre embelesado y por eso recuerdo que tardé un poco en reaccionar cuando terminó de explicarme el ejemplo de las aguas del Ebro. Cuando reaccioné y pude preguntarle qué le contestó Franco en ese momento, salió a relucir el franquista convencido. “Me miró, se lo pensó y me contestó que cuando tuviese problemas gordos, me dejase de gobernadores y ministros y acudiese directamente a él. Algo debió de ver en mí porque desde ese día dio orden de que El Pardo estuviese siempre abierto para mí, porque le decía la verdad. Franco no es lo que te han contado. El único defecto que tenía es que era monárquico. Y no, antes de que me lo preguntes… yo no lo soy”.

Bikini Benidorm 1965

Pedro Zaragoza Orts, Don Pedro, acabó trabando una buena amistad con la familia Franco, que en más de una ocasión se dejó caer por un Benidorm que, visita tras visita, parecía irreconocible respecto a la ocasión anterior. Cuando se produjo la aprobación del PGOU del 51 y aquel famoso episodio de la Vespa, “ya existía un cierto turismo local, pero entonces Benidorm era un pueblo de pescadores y agricultores, con un presupuesto anual de 14.000 duros. Con buen clima, buen entorno y muchas dificultades de agua. Y llegué a la conclusión de que lo mejor que podíamos hacer, administrando el agua, era turismo. La primera revolución fue pedir al Gobierno un Plan General de Ordenación Urbana, convirtiendo todo el término municipal en edificable. Era ilegal, pero hicimos una trampa: adherir planes parciales” reconocía sin remordimientos en unas declaraciones que, repito, datan del año 2000 y ante las que todavía nadie –al menos, no el que esto escribe– podía trazar paralelismos con lo que ocurriría sólo unos años más tarde en toda la costa española.

¿Le suena, querido lector, la polémica de los famosos consulados y embajadas autonómicas? Pues bien, Pedro Zaragoza Orts, Don Pedro, ya hizo todo aquello –con intenciones mucho más honestas– en uno de los primeros pasos de lo que hoy las escuelas de negocio denominan market placing y antes se llamaba, sencillamente, promoción. Resulta imposible no sonreír al recordar la simplicidad con la que el ex alcalde de Benidorm explicaba algo que, para él, parecía ser la cosa más lógica y sencilla del mundo, restando importancia al hecho de que nadie –ni dentro ni fuera de España– lo hubiera hecho antes. El primer emisor donde Benidorm fue a promocionarse fue… ¡Laponia! “Primero instalamos el consulado de Benidorm en Laponia. Todavía está puesto el cartel. Cogimos una familia de lapones vestida al modo tradicional y la paseamos por Helsinki, Barcelona y Madrid con un cartel que en el que se leía que se iban a Benidorm. Aquello salió en toda la prensa europea. Luego los trajimos a Benidorm y como tenían calor se fueron a tomar el baño a la playa. Para sorpresa nuestra, se quitaron toda la ropa excepto los calcetines, puesto que su cultura no les permitía enseñar los pies, y se metieron en el agua desnudos. Por suerte, convencí a los periodistas para que no sacaran nada de eso. ¡Si por el bikini me habían querido excomulgar, imagínese lo que me hubiesen hecho por permitir aquel desnudo integral!”.

Quizás, la anécdota que mejor explique la idiosincrasia de este Pedro Zaragoza Orts, Don Pedro, y cómo, pese a sus más que firmes y férreos ideales –rechazó en varias ocasiones ocupar altos cargos en los primeros gobiernos de la democracia cuando Suárez y González apretaron el acelerador del desarrollo turístico y quisieron contar con él para guiar la nave–, era capaz de entender que el bien común estaba muy por encima de las propias convicciones, sea esta desternillante historia que me contó, sin que yo se lo pidiera –la desconocía por completo– cuando ya estábamos saliendo de su casa.

¿Sabes cómo conseguimos que se fijara en nosotros el turismo vasco, que entonces era el que más dinero tenía en toda España?”, me espetó cuando ya me estrechaba la mano. No me dio tiempo a contestar. Dio por hecho que no lo sabía y tenía ganas de contármelo. Sin soltarme la mano y sonriendo me dijo: “hicimos un convenio con un banco vasco en 1964 para que todos los matrimonios que se casaran el día de la Virgen de Begoña viajaran a Benidorm con los gastos pagados”. Él seguía riendo, pícaro, mientras alargaba un silencio al alcance sólo de los grandes actores que saben que tienen la frase definitiva en la punta de la lengua. Y en el momento álgido, allí donde Rick Blaine le decía al capitán Louis Renault aquello de que esto podría ser el inicio de una gran amistad, Pedro Zaragoza Orts, Don Pedro, se me acercó un poco y simulando estar contándome un secreto me soltó: “nosotros les regalábamos todos los bártulos para el bebé que tuvieran, porque presumíamos que se había engendrado en Benidorm, claro”.

Seguramente, muchos de los responsables de la industria turística española ni tan siquiera lo sabrán, pero en pleno año 2016 sería muy justo recordar y reconocer que España es el destino que es hoy en día porque en 1950 hubo un chaval de 27 años que, recién llegado a la alcaldía de un pueblo de pescadores del Mediterráneo, miró al mar de otra manera. El próximo mes de diciembre es más que probable que España cierre el ejercicio con cerca de 70 millones de visitantes, una cifra que sería imposible de alcanzar sin aquellos primeros pasos de un pionero llamado Pedro Zaragoza Orts, hoy por hoy y para siempre, Don Pedro.

DESCÁRGATE LA REVISTA COMPLETA

Banner Descarga 02

1 Comments