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Los tacones de Valentina | El amor está en el aire

04/07/2016
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Por Alahna Wonder

María se encontraba en esa fase de desamor donde todo se ve de color hormiga, o sea, negro, muy negro, sin matices…

Ese momento trágico de tu vida en el que hasta ver un chiste de Tip y Coll, te hace llorar a moco tendido como si no hubiera un mañana y para colmo, te dedicas a flagelarte viendo todos los culebrones del planeta para, como buena masoca, regodearte en tu drama y exprimirlo al máximo. Si no, no es un drama en condiciones.

“¡Puñales, venid a mí y clavaos en mi espalda cual muñeca de vudú!”  -sollozaba gritando- “¡Necesito una katana.  YA!”

Como siga así la pobre criatura, va a correr más sangre que en ‘La matanza de Texas’ y que Dios nos pille confesados.

La pobre María no podía soportar la pérdida del maromo que la hacía feliz (bueno y la ponía también mirando a Cuenca, que todo hay que decirlo).

Es en ese preciso instante en el que piensas que no reharás jamás tu vida sentimental y sólo se te pasa por la cabeza aquella frase típica de madres y abuelas: “¡Búscate un novio pronto antes de que te quedes para vestir santos, que el ajuar se te va a pasar de moda!”

Claro, esa frase se repite como un bucle en tu cabeza y no hay valerianas suficientes en el mundo para serenarte porque la imagen que ves de ti misma es con sandalias franciscanas y pelo a lo garçon pero sin glamour.

El sumun es cuando acudes a la boda de un familiar y te acribillan a preguntas y afirmaciones, así, todo mezclado: “¿La próxima tú, verdad?; ¡A ver si te traes a tu novio!; ¿Chica, con tu edad y todavía soltera?” Poco a poco te vas desinflando como si fueses un globo y te hubiesen pinchado con un alfiler. Tratas de autoconvencerte repitiéndote: “No hay dolor… 1, 2, 3, 4… 5000, 6000… no hay dolor, no hay dolor”.

Es justo ahí, cuando pides que te pase un camión por encima y te deje más planchada que la Pantera Rosa o que directamente te engulla un agujero negro de esos del espacio…

Pero, ¡milagros de la vida! Se te ocurre recurrir al grupo de ‘Whatsapp’ de las amigas a ver si te echan un cable que no sea al cuello. Es como recurrir a un kiki rapidito, más que nada para salir del paso y reducir tu angustia vital.

Ahí viene cuando la matan… Hay dos amigas especiales que se te representan como un demonio y un angelito, cada una en un hombro, como en los dibujos animados…

Eso hace que tu cabeza dé más vueltas que la niña de ‘El exorcista’ y te pongas de color verde Hulk sin saber a quién hacerle caso. Las otras amigas, no se mojan y se dedican a leer lo que escriben y los “consejitos” que le dan las dos amigas más activas, “la yin y la yang”.

La angelito le dice: “querida amiga, lo que debes hacer es confiar en el destino y como dice Paulo Coelho, hacerle caso a las señales. El Universo te premiará…”

La demonio (que es un zorrón verbenero) replica: “¿Señales?, ¡Señales las de tráfico o las que te indiquen el camino a una red social de contactos!” Y añade: “A fornicar, que el mundo se va a acabar”.

Pobre María, había sido peor el remedio que la enfermedad. Se sentía peor que al principio. Era el espíritu de la indecisión. Si sacaba su lado espiritual, no se comía un colín, si sacaba el zorrón que llevaba dentro, iba a echar muchos kikis, pero sin más… ¿Qué debía hacer?

De repente, como un mensaje divino, decidió hacerse un viaje en plan single y así intentar despejar los fantasmas de su cabecita. En un momento determinado, siempre podría decir que iba a secuestrar el avión y así salir en las noticias. El caso era hacer algo para no pensar tanto…

Por suerte no llegó la sangre al río. El viaje hasta Tailandia tenía una duración de casi 24 horas. Era un viaje largo, pero todo cambió cuando dejó de mirar a la ventanilla y girar la cabeza a su izquierda… Allí estaba él: ¡fornido, alto, moreno y de ojos verdes! ¡Un dios del Olimpo!

Las lágrimas de María, se las tragó el famoso agujero negro y acicalándose un poco y con la mejor de sus sonrisas, saludó a “su compañero de viaje”.

A partir de ahí… sonrisas, mariposas en el estómago y entre trago y trago de champán francés, se contaron la historia de sus vidas. Ambos estaban en el mismo punto de partida.

Dicen que todo es producto de la causalidad y no de la casualidad. El caso es que “el amor estaba en el aire, mucho más cerca de lo que ambos podían imaginar”…

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