Titulares
Leyendas des Rock 2017 (julio 17, 2017 11:03 am)
Los Rebeldes (junio 11, 2017 5:17 pm)
Vuelve la leyenda (mayo 7, 2017 10:06 am)
Richard Avedon (abril 8, 2017 12:12 pm)
Nobel Dylan The times they are changing (noviembre 11, 2016 5:37 pm)
Therapy (noviembre 11, 2016 5:34 pm)
48 horas y una Luna Llena (noviembre 11, 2016 5:28 pm)

Los ingleses siguen sin poder con Mediohombre

04/07/2016
Comments off
746 Views

Por Nicolás Van Looy

A las redes sociales las carga el Diablo. O, en su versión más moderna, los trolles. Y antes de que los ingleses decidieran hacerle el mayor trolleo jamás conocido al resto de la Unión Europea con su ya famoso Brexit, los españoles estuvimos a punto de hacerles uno muy épico a nuestros visitantes favoritos cuando a los responsables de la Armada de Su Gloriosa Majestad no se les ocurrió mejor idea que dejar que fuera Internet quien decidiera, por aclamación popular, el nombre de su nuevo buque de investigación ártica. “El nuevo buque de investigación polar del Consejo de Investigación del Medio Ambiente será el mayor y más avanzado barco de investigación de Reino Unido. Para celebrar la botadura de la nave, hemos lanzado la campaña #NameOurShip. De momento lo llamamos NPRV, ¡que no es muy atractivo! Así que les invitamos a sugerir un nombre”. Ese era el anuncio de la Royal Navy que, tras pasar por el cachondo filtro de los shurmanos de Forocoches, acabó propiciando que el nombre de Blas de Lezo fuese uno de los tres que acabaron componiendo la terna final con el que bautizar el navío. Pero, claro, la pesadilla de ver a Isabel II, con toda su graciosa magnificencia, estrellar una botella de champán contra el casco del HMS Blas de Lezo puso los pelos de punta a más de uno en la Pérfida Albión y la campaña acabó siendo retirada. ¿Por qué? Básicamente, porque para los ingleses el almirante Blas de Lezo podría ser, perfectamente, el mayor hijo de la gran puta que haya surcado los mares y el mayor dolor de muelas para cualquir marino guiri que tuviera la mala suerte de encontrárselo con ganas de pelea.

Blas de Lezo y Olavarrieta nació en Pasajes el 3 de febrero de 1689 y se dejó el pellejo, o lo que de él quedaba, el 7 de septiembre de 1741 en Cartagena de Indias después de defender de manera realmente gloriosa (si les gustan las historias bélicas y heróicas no pueden perderse ese pasaje de nuestro pasado) del asedio inglés comandado por el vicealmirante Vernon. Una toma frustrada que los ingleses daban tan por segura que hoy en día, en el fondo del mar, todavía hay algún barco inglés de la época con monedas de oro acuñadas de forma precipitada en conmemoración del triunfo de Vernon.

El caso es que Blas de Lezo, aquel que un día dijo aquello de que “todo buen español debería de mear siempre mirando hacia Inglaterra” no sólo se las vio con Vernon sino que antes se había dejado la vida y, literalmente, medio cuerpo dándose estopa con holandeses, moros, piratas y, por supuesto, su peor pesadilla: los ingleses. Blas de Lezo es, todavía hoy en día, el almirante más condecorado de la Historia de España.

Tuerto, sin una pierna, manco y con heridas repartidas por todo el cuerpo, Blas de Lezo era conocido, entre la reverencia y el miedo, como Mediohombre entre las tropas españolas y las del enemigo. Se dijo de él que, salvo los cojones, que siempre estuvieron donde tuvieron que estar, todo lo demás estaba unido a base de remiendos.

Su hazaña más memorable, como ya hemos dicho, fue aquella defensa de Cartagena de Indias en 1742 en apabullante inferioridad de tropas frente a la aparentemente imbatible fuerza comandada por Lord Vernon. Cuando el inglés se plantó frente a las costas de la ciudad colombiana con sus 36 navíos de línea, 12 fragatas, 100 barcos de transporte, unos cuantos y peligrosísimos burlotes y la friolera de 39.000 hombres (entre ellos, un hermanastro del que sería primer presidente de los Estados Unidos de América, George Washington) dispuestos a matar y morir por Su Graciosa Majestad, la cosa pintaba más jodida que nunca para el vasco que, a sus 54 años, ya le había dado lo suyo y lo de más de un primo a los ingleses en dos intentos anteriores por apoderarse de la ciudad.

Lord Vernon, vicealmirante de la Royal Navy de entonces, chulo, arrogante y con ese puntito de altivez tan típico entre la nobleza de la Gran Bretaña, no quiso hacer caso de los avisos que muchos de sus hombres, aquellos veteranos que ya sabían cómo se las gastaba Mediohombre, le lanzaban sobre aquel almirante español de escasas extremidades y enormes cojones. Vernon, Edward, pensaba que los poco menos de mil soldados, 300 milicianos, dos compañías (poco más de un centenar de hombres en cada una) de negros libres y un puñado de indios armados -que no dudarían en pasarse a un español por la piedra si se le ponía a tiro- no iban a a ser un problema excesivo para su bien formada y muy disciplinada fuerza de ataque.

Así que, aprovechándose del trabajo que antes habían dejado hecho sus compatriotas en los asedios anteriores y de la eterna desidia de los reyes españoles para con América, aquel lugar del que se llevaban todas las riquezas y en el que no invertían absolutamente nada, bombardeó con saña los muros medio en ruinas de la ciudad y no tardó en neutralizar todas sus defensas. Desembarcó con sus hombres y fue tomando posiciones de manera asombrosamente sencilla.

Pero Mediohombre no iba a vender tan fácilmente lo que le quedaba de piel y defendió con esa fiereza y crueldad tan típica del militar español de la época, cada palmo de la ciudad hasta que el guiri tuvo que desandar lo andado. No dudó Blas de Lezo en volar sus propios fuertes o hundir los barcos a su mando en plena dársena del puerto si con ello dificultaba el avance inglés.

Allí, replegados ya dentro del recinto de la ciudad, los españoles, con Blas de Lezo en primerísima línea constantemente, aguantaron 18.000 balas de cañón y unas 6.000 bombas. Le dieron pasaporte a unos 10.000 ingleses y no cedieron ni un solo centímetro de terreno hasta que Vernon, Edward, con seis navíos en el fondo del mar matarile, rile, rile, decidió que ya había tenido suficiente Mediohombre y que las tropas terrestres comandadas por el general Thomas Wentworth, que se había escondido como una sabandija, podían besarle su aristocrátrico culo porque allí no había nada que hacer.

Volvió a Inglaterra derrotado, pero nadie supo demasiado sobre el asunto porque el rey Jorge prohibió que nadie hablara sobre aquella batalla. Vernon fue ascendido a Almirante de la flota del Mar del Norte hasta que sus enfrentamientos constantes con el almirantazgo acabaran en su retirada del listado de almirantes. Hoy en día, una estatua suya está instalada en la Abadía de Westminster con la inscripción “y en Cartagena conquistó hasta donde la fuerza naval pudo llevar la victoria”, en clara referencia a lo (poco) hecho por Wentworth.

Blas de Lezo, por su parte, murió poco después a causa de las heridas sufridas en aquella batalla y su memoria, como la de tantos otros militares españoles, es una enorme desconocida para la mayoría, desterrada de los libros de Historia de colegios e institutos, pero maravillosamente contada en hermosos volúmenes como ‘Don Blas de Lezo. Biografía de un marino español” de Gonzalo M. Quintero Saravia o ‘Mediohombre, la batalla que Inglaterra ocultó al mundo‘, de Alber Vázquez.

Hasta tal punto es grave la cosa que, salvo la fragata F-103 de la Armada de España y el fallido intento por poner su nombre al buque de investigación inglés (ahora comprenderán porqué se dieron tanta prisa nuestros ex vecinos europeos en evitar la afrenta), no hubo en España ninguna estatua en su honor hasta el año 2014, cuando se inauguró la que preside el Paseo de Canalejas de Cádiz y, poco más tarde, otra en la Plaza de Colón de Madrid.

DESCÁRGATE LA REVISTA COMPLETA

Aptitude_03

Comments are closed.