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E. Valenciano: “La UE está incumpliendo todos los convenios de Derechos Humanos”

01/05/2016
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Por Nicolás Van Looy

Elena Valenciano (Madrid, 18 de septiembre de 1960) es, en su calidad de Presidenta del Comité de Derechos Humanos del Parlamento Europeo, una de las personas que más y mejor conoce ese fenómeno que hemos venido a llamar ‘crisis de los refugiados’. Una crisis que, más allá de las enormes cifras que arrojó el año 2015 y que ya están siendo superadas en este 2016 es, sencillamente, una inimaginable crisis humanitaria. La mayor que ha vivido Europa desde el final de la II Guerra Mundial. Una situación que está poniendo a prueba –y demostrando su ineficiencia– no sólo a las instituciones, sino el concepto y las ideas mismas sobre las que se ha basado la construcción de la Unión Europea y está poniendo en jaque la propia existencia de la Unión.

Valenciano es una de las voces más críticas con el proceder de Europa ante esta crisis. Durante la entrevista descubriremos que considera fundamental hacer pedagogía para que la sociedad entienda, fuera de los mensajes más o menos interesados que ciertos sectores puedan lanzar, la verdad sobre esta crisis. Por ello, desde el primer momento, nos encontramos ante una europarlamentaria más que dispuesta a buscar un hueco en su agenda para explicarse. Con una mujer que la noche del jueves día 14 de abril, víspera de la fecha fijada para poder realizar la entrevista, nos envía un mensaje de whatsapp diciendo que una votación en el Parlamento Europeo –la que acabó aprobando la creación del listado de nombres de pasajeros– la está retrasando y no sabe si podrá llegar a España a la hora fijada para someterse a nuestro cuestionario. “Si no llego, la hacemos por teléfono, ¿no?”, propone y uno se da cuenta de que esta madrileña afincada en Altea, tiene muchas ganas de tener la oportunidad de erigirse en portavoz de la denuncia del sufrimiento humano que se está produciendo a la puerta misma de Europa.

Finalmente, casi sin tiempo para nada, hace acto de presencia en la sala de exposiciones de la Casa de Cultura de l’Alfàs del Pi, un pequeño pueblo de la costa mediterránea en el que más del 50% de sus 22.000 habitantes son de origen extranjero. Un lugar escogido con toda la intención para hablar de un tema que implica el miedo hacia el diferente. Que habla de integración. Una cuestión, al fin y al cabo, que afecta a la base misma de la idea de Europa, una idea que, a pequeña escala, representa a la perfección la realidad social de l’Alfàs del Pi como comprobamos mientras esperamos la llegada de Elena Valenciano al set donde grabaremos la entrevista, cuando, coincidiendo con la hora de salida de los colegios, vemos pasar por delante nuestro a familias formadas por parejas de nacionalidades distintas. Asistimos al juego de críos de un rubio casi albino con compañeros de negrísimo pelo del color del carbón y una piel cuyo color es fruto de siglos de exposición al sol. Somos testigos del paseo enamorado y adolescente de parejas tan distintas que bien podrían proceder de planetas diferentes. Y todo ello, con una banda sonora de conversaciones en tantos idiomas que sería necesario un ejército de traductores mayor que el del propio Parlamento Europeo para poder descifrarlas. Y todo es normal. A nadie le extraña. Porque aquí, en l’Alfàs del Pi, a la orilla del mismo Mediterráneo en el que está muriendo seres humanos por centenares y que, como decía Serrat, tiene un alma profunda y oscura labrada a base de desventuras la normalidad es, precisamente, todo aquello sobre lo que los más agoreros nos quieren alertar ante la llegada de miles de migrantes a Grecia..

Cuando Valenciano se sienta frente al periodista, lo primero que llama poderosamente la atención es que desaparece de su rostro y de su voz cualquier rastro del cansancio que cabría esperar tras una semana que no es más que una más, la última, de unos meses agotadores para la Presidenta del Comité de Derechos Humanos del Parlamento Europeo. Más de una hora después, cuando apagamos la grabadora, su discurso ha quedado más que claro. Enérgica y, sobre todo, clara, no ha evitado dar su punto de vista sobre temas más que peliagudos para una UE a la que, al fin y al cabo, está representando.

Elena Valenciano_Entrevista_01

Aptitude Magazine.- Para entender esta crisis humanitaria, quizás sería importante abordar el contexto de la misma y para ello es imperativo mirar al pasado. A hace un par de décadas, cuando comenzó el fenómeno migratorio que abrió la ruta del Estrecho de Gibraltar. Sé que generalizar no es lo más adecuado, pero me veo en la obligación de hacerlo para poder formularle una pregunta muy concreta. ¿Se podría haber evitado la situación que se produjo en 2015 si la Unión Europea no hubiese vivido tan de espaldas durante tantos años a lo que sucedía en el sur de España y en Canarias?

Elena Valenciano.- Tal vez, evitado del todo no. Pero haber contribuido a que las cosas se hicieran de una manera ordenada y, por lo tanto, digna para las personas que huyen de la guerra, sí. Hacía tiempo que las ONG y las agencias internacionales venían avisando de que se produciría un gran éxodo porque los conflictos armados, desde Iraq hasta Siria pasando por Afganistán, estaban enquistándose y la gente tiene tendencia a intentar salvar su vida y, por lo tanto, sí estábamos avisados. Y no se hizo nada… hemos vivido a espaldas de la guerra de Siria durante casi cuatro años. Sí, pienso que los gobiernos europeos han estado tan absolutamente ensimismados con los problemas europeos y los que cada uno tiene en su país que no han sido capaces de mirar un poquito más allá. De ahí vienen Siria y Libia. Ahora empezaremos a recibir una nueva oleada de migrantes que saldrá de Libia. No hemos visto la realidad del problema hasta que los niños no han empezado a morir en las playas griegas y turcas.

AP.- En este mismo sentido, y yéndonos sólo un año hacia atrás, ¿fue la llamada ruta italiana, usada principalmente por migrantes subsaharianos, un primer aviso de lo que se nos venía encima?

EV.- No creo que se dejara pasar del todo, pero se esperó mucho. Las decisiones se tomaron muy tarde y se dejó a Italia bastante sola durante mucho tiempo. Luego no fue así. Luego se creó la ‘Operación Mare Nostrum’ que la verdad es que resultó bastante bien y luego se trabajó con los países de origen, que es lo que hicimos nosotros con nuestra famosa crisis de los cayucos. Lo que ocurre es que las cifras de lo que estamos viendo no se parecen a nada de lo que ya hayamos vivido.

AP.- Habla usted de cifras y según la IOM durante el año 2015, hablando específicamente de Grecia, se reporta la llegada de casi medio millón de sirios, cerca de 250.000 afganos, unos 87.000 iraquíes… Simplificándolo mucho, vemos a Siria, que es un país que lleva cinco años en guerra y donde occidente no quiere intervenir de una forma decidida.

EV.- Efectivamente. No es fácil intervenir, pero es verdad que, como decía antes, hemos estado de espaldas a estos conflictos, pero ahora hay una Comunidad Internacional tratando de hacer algo y encontrar una solución dialogada, algo que es muy difícil…

AP.- ¿Cree que todavía estamos a tiempo de encontrar esa situación dialogada?

EV.- Sí. Creo que es la única posible. La estrategia ha cambiado. Hemos pasado de tener a Bashar al-Asad aislado a integrarlo en la lucha contra ISIS. Porque, claro, en Siria se produjo la irrupción de ISIS y, por lo tanto, la fractura del país. Pero, efectivamente, ahora se han tomado cartas en el asunto… una vez más, tarde.

AP.- Estamos ante la mayor crisis humanitaria que vive Europa tras la II Guerra Mundial. Fue entonces cuando se crean la ONU y ACNUR y ahora, cuando más falta parecen hacer estas agencias, las estamos dejando de lado e ignorando lo que nos dicen. Imagino que desde la UE tienen ustedes una buena explicación para esto.

EV.- Lo que sería conveniente es que buscáramos dónde está la responsabilidad. La Unión Europea, como concepto, no es nada. La responsabilidad de lo que está pasando es de los gobiernos. Son ellos, reunidos en el Consejo Europeo, los que han ido posponiendo el asunto una y otra vez. ¿Por qué? Porque desde hace años, la política en la UE se ha renacionalizado. Probablemente, por efecto de la crisis y porque no construimos los elementos comunes y suficientemente sólidos a tiempo. Al final, es el Consejo, es decir, los primeros ministros y presidentes reunidos, es quien toma las decisiones, de tal manera que las instituciones más europeas como son el Parlamento o la Comisión quedan orilladas. El Parlamento se pronunció mucho antes de esta crisis y también la Comisión estableció planes previos a la crisis grande, pero los gobiernos nunca han tomado la decisión ni de realojar a los refugiados, que es lo que hay que hacer, ni de crear corredores seguros. Ni siquiera, de facilitar corredores para ayuda humanitaria. ¡Es que ni siquiera eso han permitido! Y luego los gobiernos europeos han ido cerrando fronteras, una detrás de otra, de tal suerte que han creado una ratonera inhumana donde están los refugiados, porque si no se hubieran cerrado las fronteras de los Balcanes, los refugiados no estarían donde están ahora mismo. Ahora cerrarán la posibilidad de Grecia y empezarán a venir por otros sitios. Ya han empezado, de hecho. En los últimos días ya se han rescatado a unos 4.000 o 5.000 en las costas italianas. La responsabilidad está en los gobiernos porque desde hace años hemos ido perdiendo lo común para favorecer lo nacional. Los gobiernos nacionales siempre están pensando en sus propios calendarios electorales y es verdad que hay una irrupción enorme de la extrema derecha en Europa y los gobiernos viven asustados de que la extrema derecha avance y, por lo tanto, no son capaces de actuar con la valentía que una situación como esta requiere. ACNUR ha dicho que el último acuerdo tiene muchísimas lagunas desde el punto de vista

legal y humanitario y por eso no quiere colaborar en esta operación de devolución a Turquía.

AP.- Creo que debemos de tener mucho cuidado con la terminología que usamos. Hablamos muchas veces de ‘crisis de refugiados’, pero seguramente el común de los ciudadanos no acaba de entender ese término. Por ello, le pido que me explique de una forma sencilla qué es un refugiado y qué requisitos debe de cumplir para que se le reconozca ese estatus.

EV.- Efectivamente, le hemos dado el nombre de ‘crisis de refugiados’ que es el nombre que le han dado los medios de comunicación  y es el que hemos acabado usando todos, pero y lo es porque la UE estaría obligada, según la legislación internacional, a acoger a la inmensa mayoría de los solicitantes. Dicho esto, ¿qué es un refugiado? Es aquella persona que deja su país huyendo de la persecución o la guerra. Puede ser también una persecución basada en la religión, el género, el hambre… En definitiva, aquel que huye de su país y lo deja todo detrás. Hay una convención que protege a estas personas que es la Convención de Ginebra. Esto es una especie de venganza o una ironía de la Historia porque esta convención se creó para los europeos que huían de la II Guerra Mundial y ahora somos los europeos los que no la estamos aplicando para terceros. La UE tiene una legislación que determina que el país que debe de dar protección a esta persona es el primer país europeo al que llegue y, por lo tanto, en este caso toda la gestión de esa petición de asilo la deben de realizar las autoridades griegas. Aquella persona que llega a una frontera europea y dice ‘vengo huyendo de una guerra‘ debe de ser protegida tras analizar su caso porque en algunos casos será verdad y en otros no, pero todos tienen derecho a que se estudie pormenorizadamente su caso.

AP.- “¿Cómo vamos a defender los Derechos Humanos fuera de la UE si dejamos que los niños mueran en nuestras playas?” Esta es una pregunta retórica que se hizo usted misma en una entrevista reciente en la Cadena SER. Ahora, le pido que dé una respuesta a esa pregunta.

EV.- Es que, sencillamente, no podemos. La UE debe de ser más cosas además de un mercado único, una unión política, el espacio geopolítico en el que mejor se han protegido libertades, derechos, desarrollo… Este espacio no está dando respuesta a gente que está sufriendo y que piensa en la UE como una referencia. La UE, además, ha defendido valores que trascienden sus fronteras y somos los adalides de la defensa de los Derechos Humanos en el mundo. ¡Y lo somos! Y cuando tú viajas por el mundo a países donde la gente sufre y es perseguida, la UE siempre es la referencia. ¡Pero no podemos ser la referencia si nosotros mismos estamos fallando hasta este punto! ¿Cómo vas a ir a darle lecciones a ningún gobierno del mundo, por muy autoritario y duro que sea, sobre cómo debe de tratar a sus ciudadanos si tú estás dejando eso? Es que la imagen más fuerte es la de los niños en la orilla, pero hay muchísimas situaciones terribles que estamos permitiendo que sucedan. Lo que se está ahogando en las playas de Grecia y Turquía es la idea misma de Europa.

AP.- Aquellos que vivimos el proceso de construcción de Europa tal y como la conocemos actualmente, asistimos perplejos a cómo se está traicionando a sí misma. ¿Es viable la UE si seguimos por este camino de deconstrucción de todo lo conseguido anteriormente? ¿Cree que hemos podido llegar a un punto de no retorno?

EV.- No creo que hayamos llegado a ese punto de no retorno. Estamos en una batalla que es profundamente ideológica aunque pueda parecer que no lo es. Hay mucha gente y muchas fuerzas políticas, dentro de la propia UE, que no quieren que esto siga avanzando. Que quieren irse. Que quieren hacerla más pequeña. Que quieren renacionalizar políticas. Es decir, hay todo un bloque antieruopeo dentro de Europa y debe de haber un bloque europeo dentro de Europa. A mi me parece que los del no están más organizados que los del sí porque nosotros hemos dado por supuesta la realidad de la unión. Hemos pensado: ‘ya lo tenemos‘. Pero nunca es así. No lo es en ningún aspecto de la vida. Las cosas no se tienen para siempre. Nosotros tenemos que volver a ser capaces de reconstruir la UE y otros van a intentar destruirla…

AP.- Pero, ¿eso es posible con el actual contexto de desafección ciudadana?

EV.- La desafección requiere de mucha pedagogía. Los gobiernos tienen tendencia a decir aquello de “es que Europa…”, pero los gobiernos son Europa. Lo más curioso de estos meses es que yo, que he visto cómo los gobiernos no han querido hacerse cargo de la situación de los refugiados, escucho a los gobiernos decir que la UE no está respondiendo, pero es que ¡son sus decisiones las que están haciendo que la Unión no pueda responder! La desafección debe de ir directa a los gobiernos que no toman las decisiones. Y nosotros tenemos la obligación, si nos dan la oportunidad, de explicar que la única solución es la UE. La solución es más Europa y no menos. Y más unida y no menos. Porque los problemas son transnacionales. Son internacionales. Es imposible resolver un problema transnacional desde el egoismo de cada gobierno nacional o de los partidos políticos, que están preocupados por las siguientes elecciones. Mucho más que por resolver los problemas que trascienden con mucho su capacidad. Los problemas son tan graves que necesitamos mucha fuerza para resolverlos. Y toda esta fractura, que comenzó con el eje norte-sur de la crisis económica y que ahora se ha convertido en una fractura este-oeste, lo único que hace es hacer crecer a los antieuropeos.

AP.- Hablemos de la última decisión de la UE en relación a la crisis migratoria…

EV.- ¡Es que es casi la única!

Elena Valenciano_Parlamento Europeo_01

AP.- Lo que quiero es que me dé una respuesta contundente a una pregunta sencilla: ¿Es una decisión legal o ilegal?

EV.- Es… [guarda silencio] Rozando lo ilegal. Yo…

AP.- ¿Qué la hace legal?

EV.- Yo no te lo puedo decir porque eso debería de analizarlo un Tribunal Internacional, pero creo que con la Legislación Internacional en la mano: la Convención de Ginebra, la Convención de Derechos del Niño, las convenciones que protegen a los migrantes… ¡las estamos incumpliendo todas! Estamos considerando a los refugiados como migrantes ilegales y los estamos considerando personas que tienen que estar detenidas. Pero no son migrantes ilegales. La mayor parte de ellos son refugiados. Por lo tanto, estamos incumpliendo la Convención de Ginebra, el protocolo que la desarrolla, nuestras propias leyes, la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea e, insisto, la Convención de Derechos del Niños. Los niños están doblemente protegidos y, en cambio, son los que estamos dejando más desprotegidos. Hay muchísimos menores, pero muchísimos niños pequeños en esas condiciones terribles. O perdidos. O solos. Es que, si no estamos incumpliendo la Convención de Derechos del Niño, que venga Dios y lo vea.

AP.- Si ante una situación exactamente igual otro gobierno de cualquier lugar del mundo, no necesariamente aliado con nosotros, hubiese tomado esta misma decisión, ¿qué cree que estarían pidiendo desde el Parlamento Europeo?

EV.- Pues estaríamos pidiendo lo mismo que estamos pidiendo que hagan los gobiernos de los países miembro: que creen pasillos seguros y legales. ¡Es que la única manera de entrar en la UE en este momento es de forma ilegal poniéndose en manos de las mafias! Tienen que permitir un pasillo legal y analizar caso a caso si esas personas tienen derecho. Y si lo tienen, significa que debemos de acoger a esa persona. Eso requiere de un gran plan para integrar a unos dos o tres millones de refugiados en los próximos seis años…

AP.- ¿Caben?

EV.- ¡Claro que caben! Porque, ¿sabes que pasa? Que de tanto hablar del asunto con palabras grandes, parece que es un problema inabordable y eso no es verdad. No lo es porque hay países muchísimo más pobres que nosotros que tienen millones de refugiados en sus fronteras. Cómo no vamos a poder 28 países, 500 millones de habitantes, acoger a tres millones en seis años. Claro que podemos hacerlo. Pero hay que hacerlo bien. No podemos acogerlos de golpe, por supuesto que no. No podemos someter a las sociedades a ese estrés, pero podemos acondicionar el flujo, acondicionar espacios y, mientras tanto, cada año ir acogiendo a 500.000. Hay una cosa que la gente tiene que saber: el fenómeno de los refugiados es lo que ha llegado para quedarse. Tal vez seamos capaces de solucionar Siria y dentro de cinco años la gente pueda volver a su casa porque es lo que la gente quiere: volver a sus casas, pero siempre y cuando no le tiren bombas encima, que es una cosa bastante normal. A lo mejor los sirios vuelven. A lo mejor, conseguimos que vuelvan los afganos dentro de unos años. Pero vendrán los eritreos, los yemenís… vendrán porque el mundo es global y la gente tiene, afortunadamente, la tendencia de salvarse. Sobre todo, de salvar a sus hijos. Por eso hay tantos niños. Mientras el ser humano tenga el ansia de salvar a sus hijos, de vivir, de tener una vida digna… habrá refugiados. Más vale que cambiemos el chip porque vamos a vivir con refugiados durante mucho tiempo. Hay fenómenos que…

AP.- Quería ir a ese terreno. ¿Resulta de algún punto justo y necesario la diferenciación que se está haciendo del migrante que huye de un conflicto armado del migrante económico o del medioambiental, que es el próximo fenómeno que sabemos que va a ocurrir?

EV.- Digamos que tenemos que poder entendernos cuando hablamos. Tenemos un marco legal que protege de manera inmediata a aquellos que huyen de la guerra. Y tenemos también un marco legal que protege a los migrantes de todo tipo. Es evidente que no puedes decir que todo el mundo puede entrar. Es un mensaje que no se puede dar porque es falso y eso generaría mucha tensión y discriminación hacia los que vienen de fuera. Lo más paradójico es que en Europa necesitamos muchos migrantes: 20 millones en los próximos años. Para ordenar todo esto es necesario hacer la pedagogía sobre la población porque esto son países democráticos y lo que dice la gente debe de ser escuchado por los gobiernos. Lo que ocurre es que ha anidado el huevo de la serpiente de la xenofobia, el racismo y el nacionalismo y, por lo tanto, esa es la tarea que deberían de estar acometiendo los políticos españoles. Hay que explicar el futuro y el futuro es que necesitamos migrantes. Necesitamos jóvenes que vengan a trabajar a Europa. Necesitamos ser merecedores y deudores del prestigio que recibimos. Cuando yo escucho a gobiernos como el polaco o el húngaro ser tan duros con los refugiados, cerrarles las puertas, tenerles en campos… pienso “pero si ellos fueron refugiados hace apenas cincuenta años”. ¡Están vivos los que fueron refugiados!

AP.- Las ONG alertan de que Turquía no es precisamente el país más garante de los derechos de las personas que estamos comenzando a devolver y estaba usted comentando nuestro pasado más reciente. Nuestros padres y abuelos son la generación migrante dentro y fuera de Europa. ¿Podría Europa, dada su última decisión y por desoír a esas ONG, ser cómplice de un nuevo holocausto?

EV.- [Guarda silencio] Yo no diría tanto. Turquía ha hecho un esfuerzo enorme con los sirios durante los últimos cinco años sin que nosotros nos ocupáramos de nada. Es verdad que hay un régimen que está cayendo en una pendiente peligrosa, poco democráctica…

AP.- ¡Que a la vez estamos aceptando!

EV.- Justamente ahora, que Turquía está en esa pendiente, es cuando estamos abriéndole las puertas de nuevo. Yo siempre soy partidaria de que Turquía se integre en la UE, pero hubiera sido mejor hacerlo hace unos años. Pero ahora los necesitamos. Creo que es verdad que en Turquía puede haber problemas con algunas nacionalidades, aunque no creo que sea así con los sirios a pesar de que algunas ONG alertan de que se están devolviendo sirios a Siria. Pero no voy a cargar las tintas contra Turquía por aquello que no hemos sido capaces de hacer nosotros. Dudo mucho que ellos sean capaces de hacer lo que no hemos sabido hacer nosotros, pero… de momento, ¡menos mal que está Turquía!

AP.- Sin embargo, hay un montante global de 6.000 millones de euros en dos fases que se le va a pagar a Turquía. Con eso, ¿no se podría hacer mucho dentro de la UE?

EV.- Sí, pero los gobiernos europeos no quieren tener refugiados dentro de sus fronteras. Prefieren pagar a Turquía para que se ocupe de ellos. Nosotros hemos externalizado nuestra solidaridad. La política europea de asilo ha sido bastante así. También lo ha sido respecto a Marruecos. Eso es algo que vamos a tener que cambiar obligatoriamente.

AP.- Usted ha estado en las costas griegas y pasa mucho tiempo en Bruselas. La realidad sobre la que, como usted ha dicho, es la única gran decisión de la UE sobre esta crisis es que la Unión ha asegurado es que estudiará cada caso antes de tomar la decisión de deportar a un migrante. ¿Realmente eso es algo que nos podamos creer?

EV.- Hay que reconocer que la presión funciona muy bien porque durante esta primera semana [la entrevista se realizó el día 15 de abril, N.d.A.], prácticamente no se ha trasladado a ninguno de los peticionarios de asilo. Se ha ido sacando a la gente que voluntariamente aceptaba salir. Creo que no va a funcionar. Creo que está basado en una perversión absolutamente lamentable que es que por cada persona que deportamos a Turquía, nosotros sacamos a uno de Turquía y lo llevamos a Europa. Es decir, que tiene que haber un tránsito ilegal para que luego se produzca un tránsito legal. Es más, el fin de semana pasado se ahogaron 24 mujeres y un niño que iban en una balsa de Turquía a Grecia y a la mañana siguiente salió un ferry de Grecia a Turquía. Es decir, en el mismo espacio de mar una gente se ahoga y otros salen en ferry. Es una cosa de locos. Por lo tanto, no han podido hacer lo que querían porque ha habido un frenazo enorme sobre todo por parte de ACNUR. Creo que van a intentar, en el caso de los sirios, atender sus expedientes. Es posible que no con ‘todas las de la ley’. Hay una vigilancia bastante estricta… y, por cierto, debo de decir que es una vigilancia que no se realiza sólo por parte de las ONG sino también por parte de los medios de comunicación. Hay centenares de periodistas allí como testigos. Haciendo fotos, enviando testimonios… ¡No pueden deportar a 200 sirios sin que nadie lo sepa!…

AP.- Sin embargo, las primeras deportaciones parece que buscan precisamente eso porque se han hecho con nocturnidad.

EV.- Sí. Todo se está haciendo de una forma bastante opaca, pero, ¿sabes qué ocurre? Ya nada puede hacerse de forma opaca. Las noticias las tenemos prácticamente en tiempo real. Creo que no van a poder hacer lo que querían. Lo que han hecho es enviar un gran mensaje de “no vengáis” que probablemente no va a servir de nada. Igual ha funcionado en esa ruta, pero buscarán otra vía.

AP.- Hemos hablado de cifras, pero detrás de cada número hay un drama, pero en todos los conflictos acaba habiendo una imagen que despierta conciencias y pensamos que en este caso esa fue la de Ailan. ¿Qué queda de esa concienciación masiva que recorrió la UE tanto a nivel ciudadano como a nivel político?

EV.- Queda poco porque la información es vertiginosa y las imágenes acaban gastadas. Se han ahogado muchos más Ailanes. Creo que sirvió de gran aldabonazo. Por eso, algunos pretendemos mantener vivo el debate. Porque la gente sigue ahogándose. Ahora empieza a hacer un poco de mejor tiempo, pero ha muerto gente por hiportermia. Han nacido bebés en el barro. La gente no tiene comida. Los niños de seis años en Idomeni queman mantas para entrar en calor, pero si lo hacen dejan de tener mantas para calentarse… todo eso sigue pasando. Comprendo que las sociedades tienen su propia dinámica y uno no puede estar todo el tiempo viendo las mismas fotos. Pero yo, desde luego, sugiero mantener viva la discusión.

AP.- Decía usted antes que, especialmente en el caso sirio, la mayoría de personas que están saliendo hacia Europa lo hacen acompañadas de niños. ¿Cuáles son los principales riesgos que corren los menores una vez que llegan a esos campos de refugiados que vemos todos los días atestados?

EV.- Hay muchos tipos de campos. Hay algunos que funcionan muy bien. Yo he visto uno en Jordania, gestionado por distintas ONG y dirigido por ACNUR, que es muy distinto a lo que estamos viendo y que son campos improvisados en las fronteras. Son campos de detención. Los niños se quedan sin educación. Algunos llevan cinco años sin ir al colegio. Algunos se han quedado sin padres. Se quedan sin la alimentación y los cuidados que un niño necesita. Son más víctimas de las mafias y las redes de trata de personas humanas. Sencillamente, se quedan sin niñez.

AP.- Suponiendo el mejor de los casos posible, es decir, el de aquellos que consiguen ver reconocida su condición de refugiados y encuentran acomodo en un país europeo. ¿Esos niños pueden recuperarse de una experiencia tan traumática?

EV.- Creo que sí. Creo que tienen la enorme ventaja de pasar página deprisa. Creo que cuanto antes se trabaje con ellos, muchísimo mejor, pero ellos tienen la capacidad de vivir. Ellos son los que más posibilidades tienen de salir adelante.

AP.- ¿Cómo de preocupante es la situación que se viene denunciando de niños desaparecidos y, al parecer, víctimas de redes de explotación de menores?

EV.- En realidad, estas cosas siempre son, desde una posición de responsabilidad política, muy difíciles de confirmar porque no hay datos. Lo que es indudable es que los refugiados son un negocio para las mafias. Muchos de ellos no son personas sin recursos. Son una suerte de clase media que puede pagar dinero por trasladarse. Son un grandísimo negocio, hasta el punto de que los especialistas dicen que gran parte de los que se dedicaban al tráfico de armas se dedican ahora al tráfico de personas. En este tránsito las mujeres son víctimas de explotación sexual brutal. Muchas de ellas quedan embarazadas y no hay atención especializada para ellas. Es un mercado negro y no conocemos su alcance. Sólo sabemos que sólo en Alemania hay más de 5.500 niños perdidos de los que entraron por ese país en el año 2015. Son cifras que no nos entran en la cabeza. Pues eso es lo que está pasando con los niños sirios. Es evidente que hay un tráfico ilegal. ¿Dónde están esos niños? No lo sabemos.

Elena Valenciano_Entrevista_03

AP.- Esta crisis ya está generando una serie de consecuencias políticas y sociales y una de las primeras son los resultados de los últimos procesos electorales en Europa. Ya ha mencionado antes el auge de la extrema derecha en algunos países. ¿Es algo que preocupa en Bruselas?

EV.- Desde luego que sí. Fíjate si hay un auge de la extrema derecha que las últimas elecciones europeas las ganó el Frente Nacional ¡en Francia! Por eso decía que es una batalla que, además de tener que ver con la humanidad y con no dejar morir a otros seres humanos a nuestras puertas, es ideológica. Creo que lo que piensan los gobiernos es que si traemos aquí a los refugiados, la extrema derecha sacará ventaja de ello, pero es que está sacando ventaja de todas maneras y, sin embargo, no estamos solucionando los problemas de la gente. Creo que cuando se arrían las banderas de la solidaridad y del internacionalismo, las que se levantan son las banderas negras de la xenofobia. Por eso digo que es un combate ideológico y así me lo planteo.

AP.- Uno de los principales argumentos que esgrimen estos sectores ideológicos en este debate es que todo esto no es más que una suerte de coladero de terroristas del ISIS. Le pido, por lo tanto, que sea muy clara en su respuesta. ¿Es esto cierto?

EV.- Eso es una mentira como una catedral. En realidad, una gran parte de la gente que está huyendo de Siria lo hace, precisamente, huyendo de ISIS. Desgraciadamente, los terroristas de ISIS están ya dentro de Europa y no son sirios ni afganos. Son belgas, franceses, británicos, españoles… son europeos. Soy completamente partidaria de garantizar la seguridad, pero eso sólo consigue controlando la entrada y eso sólo se puede hacer si la entrada es legal y si hay funcionarios de Frontex analizando caso por caso y cogiendo las huellas dactilares de todo el mundo y cotejándolas con los registros. Si se centraliza el sistema de asilo…

AP.- ¿De ahí el acuerdo que firmaron ustedes ayer para la creación de un registro único de pasajeros?

EV.- ¡Exacto! Debemos de ser capaces de gestionar de manera común la seguridad. La gente quiere estar segura y eso debe de ser una prioridad. Lo que ocurre es que no creo que esta sea la manera de conseguirlo. Creo que la gente estaría

mucho más segura si consiguiéramos ordenar este tránsito. Pero, respecto a tu pregunta anterior, es absolutamente falso que aquello sea un coladero de terroristas. ¿Que se podrá colar alguno? Es posible…

AP.- También se han colado a través de los aeropuertos.

EV.- ¡Exacto! Los terroristas de ISIS suelen viajar en condiciones bastante mejores.

AP.- Vuelvo al punto de partida de esta entrevista, cuando hablábamos de aquellas primeras pateras que llegaban a las costas españolas hace dos décadas. Entonces España decidió invertir en ayuda y desarrollo en Marruecos y otros países del Magreb. ¿Qué debe de hacer ahora la Comunidad Internacional en Siria?

EV.- Debemos de tratar de poner a todas las partes alrededor de una mesa a debatir. Y ni siquiera en eso estamos de acuerdo. Debemos de tratar que los sirios encuentren una solución, porque no creo que esta pueda ser impuesta por la Comunidad Internacional. En algunos casos, deberíamos de dejar de vender armas. Y hay que invertir en paz, en desarrollo, en seguridad… pero el proceso político deben de hacerlo los sirios. Esa lección ya la aprendimos en Iraq. Sólo hay una cosa que no hemos dicho en esta exhaustiva conversación y es que, efectivamente, hay un problema de seguridad. Pero ese problema no viene porque entren refugiados en Europa. Viene porque esta desatención es un caldo de cultivo maravilloso para los integristas. El ISIS considera que los refugiados son unos traidores porque quieren dejar la tierra del Islam para venir a la tierra hereje, pero lo que es verdad es que si tienes 30 años y llevas cinco años en un pedregal, no tienes absolutamente ninguna perspectiva y vienen a buscarte para que abraces la guerra santa, a lo mejor, lo haces. No tanto porque creas que hay que conquistar el mundo para el Islam sino para tener una motivación.

AP.- ¿Qué tiene que hacer la sociedad para exigir que esto se soluciones?

EV.- Presionar.

AP.- ¿Y cómo se puede presionar a un gobierno si en España se aprueba una ‘Ley Mordaza‘ que prácticamente prohíbe cualquier tipo de manifestación pública de desacuerdo hacia nada?

EV.- En España tenemos un sistema democrático. Y lo bueno es que uno puede elegir a quien quiera y, sobre todo, puede echar a quien no quiere.

La Entrevista | Elena Valenciano

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